CUADERNO DE APUNTES

 

Reproducimos en esta sección llamada "Cuaderno de Apuntes" el resumen de las tertulias mantenidas por los técnicos de la Asociación Asam con personas mayores de nuestro pueblo para la elaboración de la Exposición Territorio Patrimonio con el fin de identificar con ellos, cual era el modelo del funcionamiento del sistema tradicional de su localidad (usos del territorio, organización, sistemas de manejo, tipos de cultivos, etc.). A través de esta exposición y de los presentes apuntes nos devuelven esta información para compartirla con todos sus habitantes y juntos redescubrir sus propias señas de identidad y las de su territorio:

CUADERNO DE APUNTES

Sin ser conscientes de ello, estamos asistiendo en el momento presente a uno de los cambios culturales de mayor trascendencia en la historia de la humanidad. En nuestros pueblos, en apenas unas pocas décadas, hemos pasado del arado romano a navegar por Internet, de tener que ir andando a Béjar para poner un telegrama, a hablar desde nuestro tractor con el primo que está pasando unos días en el Caribe.

Ésto no nos tiene que hacer olvidar de donde venimos porque es vital para saber quienes somos, porque hay mucho que aprender y porque hay mucho que conservar, ya que en nuestros pueblos, en nuestros campos y en nuestras gentes se conserva la esencia de nuestra identidad propia y la de nuestra sociedad. Somos, al menos todavía, “territorios patrimonio”.

EL PUEBLO

Las Fiestas

La patrona de Gallegos es Nuestra Señora de Gracia Carrero. Hay una cofradía con 250 cofrades y 4 mayordomos. El día de la Ascensión se lleva a la Virgen en procesión desde su ermita hasta la iglesia. Se le rezan las novenas, cada una protagonizada por cada uno de los barrios del pueblo: fuente ranas, la cuesta, cale reloj, horno, soledad, estanco, San Juan y la alameda.

Los domingos había baile en la plaza y los días de frío o agua se desplazaba al interior del Ayuntamiento. Los músicos habituales eran “Los Terrones”, compuesto por cuatro hermanos del pueblo,; ellos tocaban las dulzainas y ellas, una el redoblante y la otra el bombo.

El Agua

“Arroyo de fuente rana, que cuando llueve, mana”

Como la mayoría de los pueblos, Gallegos se encuentra localizado en un lugar con cierta abundancia de agua. Muchas casas del pueblo cuentan con pozo en su interior; en el barrio de arriba, todas. Suelen tener entre 5 y 6 metros de profundidad. Además había cuatro pilares: “El caño”, “Los entremuertos”, “El de las eras de abajo” y “la fuente del molino” (ésta última es la del mejor agua y la usada para beber).

Además había dos lavaderos para la ropa en el paraje de “los guindos”. Fuera del pueblo el pilar más emblemático es el de “los siete codos”.

Los vecinos

Era habitual que una familia tuviera 6 hijos o más. Había cuatro escuelas, dos de niñas y dos de niños, con 40 alumnos en cada una. El pueblo llegó a tener 1.600 habitantes.

Cerca de la mitad de los habitantes del pueblo eran obreros o jornaleros de otros. Pero la mayoría eran labradores que atendían el cultivo de sus tierras y se dedicaban al cuidado de sus ganados.

El dinero no se usaba habitualmente. Las rentas de las fincas se pagaban en la misma “era” con el grano obtenido del primer muelo de la trilla.

Los oficios

Además de labradores, había otras profesiones y actividades pero todas ellas destinadas a dar servicios a los vecinos del mismo pueblo.

Los panaderos:

Hubo un molino que funcionaba con motor. Tenía dos piedras: una para el trigo y la otra para las algarrobas. Había 6 o 7 hornos de particulares y era tal el aprovechamiento del campo que en ocasiones los panaderos tenían que ir a buscar los ramos fuera del término municipal.

El propietario del horno lo encendía y lo atendía, poniendo los usuarios la harina. El trato solía ser quedarse con un pan por cada 30 panes que hacía. No obstante hubo un horno en que cada familia entregaba su pan ya amasado pero sin cocer. Lo llevaban las mujeres sobre una tabla de madera que apoyaban sobre el hombro o la cabeza. En cada una cabían unos 6 panes. La tabla se calentaba a la lumbre para favorecer la fermentación. De no fermentar bien, el pan quedaba con grumos y se decía que había sa lido “falto”. Años después hubo una tahona que vendía pan y ya no era necesario llevar la harina.

Otros oficios:

3 carniceros.

2 herreros que afilaban las rejas de los arados y reparaban las ruedas de los carros, cuyo taller de fabricación estaba en Horcajo.

2 zapateros. La mayoría de los vecinos llevaban albarcas (que las hacían en Iñigo Blasco) pero los zapateros de Gallegos hacían zapatos y sobre todo botas, las llamadas “Borceguier”, que eran botas abiertas de piel de ternera y que se ataban con cordones también de piel) y otras de fuelle parecidas a las camperas.

También había 2 peluqueros, un sillero un cartero, etc.

Pos supuesto había muchas tabernas, alguna incluso sin barra, y también un café-comercio.

La emigración

A principios del siglo XX, la emigración fue principalmente a Argentina y hubo algún caso a Panamá. Después, a partir de los años sesenta, a Suiza (con contratos de 6 meses en la construcción), Alemania, etc. Dentro de España, principalmente Madrid, algunos a Bilbao, y unos pocos a Barcelona.

El Mercado

A diferencia de otros pueblos, Gallegos de Solmirón no tenía (*) corretajeros. Esto puede deberse a que el pueblo era grande y además tenía días de mercado.

Había mercado todos los jueves (patatas, frutas, etc) y todos los días 3 de cada mes había mercadod e ganado, siendo el más importante el del mes de julio. Venían andando animales de todos los pueblos del entorno. Se solían vender toros cebados de dos años de edad. En una ocasión, un solo comprador de Madrid compró 80 de ellos.

(*) el corretajero tenía como misión informar a los forasteros que el vecino del pueblo quería vender algún producto. Hoy se llamaría “relaciones públicas”.

La Organización

Se echaban peonadas “a prestación personal” para arreglar los caminos en víspera de las recolecciones. No se hacía antes porque podría ocurrir que lloviera y se estropeara todo el arreglo. Las zarzas de los caminos se rozaban y se echaban en los hoyos del mismo.

Cuando se ponían las redes de las ovejas para estercar las tierras quedaban al descubierto muchos cantos y rollos. Los niños las recogían (“escantar”) y las amontonaban al lado de los caminos para que los mayores las usaran cuando los arreglaban. Estos rollos también se usaban para hacer drenajes y caños para el agua.

La Sociedad de apoyo mutuo

Como en todos los pueblos, había una Hermandad de Agricultores y Ganaderos, pero además Gallegos contaba con una institución singular llamada “la sociedad”.

La sociedad la dirigía una Junta formada por 4 personas, cargos que eran rotatorios entre todos los asociados. Pertenecer a ella era voluntario, pero eran socios casi todos los vecinos que tenían vacas o cochinos, ya que estos eran los animales que se aseguran. No se pagaba cuotas; en el caso que ocurriera un siniestro se repartía el coste entre todos los integrantes. Según si el siniestro fuera de una vaca o de un cerdo tenía procedimientos distintos.

Si una vaca se ponía mala se convocaba a la Junta y se avisaba al veterinario. Los gastos de medicamentos o los servicios del veterinario corrían a cargo del propietario, pero el veterinario también tenía otra función, la de tasar el valor que tenía esa vaca el día que cayó enferma. En el caso de que finalmente muriera, se le abonaba al dueño el 90% de su valor (Se le descontaba el 10% para que tuviera interés en la curación). Si no había ningún impedimento sanitario, se echaba un bando para repartir la carne.

Los siniestros de los cerdos estaban relacionados con la matanza y con la triquinosis. En tiempos de matanza se habilitaban 3 pesadores en distintos barrios del pueblo. Todos los cerdos sacrificados se pesaban y se anotaba su peso con una doble función; si un cerdo sacrificado, una vez analizada su lengua, daba positivo en la triquina, se le pagaba a su propietario por los kilos que había pesado ese animal. Pero la pesada también servía para el cálculo del reparto de los que tenían que pagar, ya que se sumaban los kilos de todos los cerdos sacrificados. En estos casos se pagaba el 100% de su valor (ya que el propietario no tenía ninguna responsabilidad en que el animal diera positivo). Hubo algún año en que se llegaron a sacrificar más de 300 cerdos.

El Sistema Tradicional

Los habitantes de las comunidades rurales tenían que hacer de piedras pan. Para poder lograrlo, tuvieron que desarrollar las siguientes cualidades:

Contar con una gran resistencia física y una admirable capacidad de trabajo.

Estar fuertemente organizados, apoyándose unos a otros, y en muchas ocasiones, resolviendo sus problemas particulares a través de soluciones colectivas.

Conocer en profundidad las posibilidades de su territorio. Cada familia sabía lo que se podía sembrar en cada lugar, si era temprano o tardío, o que parte de un huerto era más adecuada para cada fruto.

Dominio de un sin fin de habilidades técnicas. Cada familia sabía como realizar innumerables actividades: sembrar, hacer pan, injertar una parra, curar un jamón, picar la guadaña, desmochar una encina…

Utilización de semillas y animales domésticos de variedades y razas locales. Generación tras generación, seleccionaron variedades y animales con un fuerte carácter rústico, adaptados a las exigencias concretas de su territorio y cuya cualidad más importante era, sobre todo, su capacidad de resistencia.

El campo de Gallegos

Tenía principalmente dos aprovechamientos: las tierras de cultivo y los parados, ambos con un único arbolado, la encina.

Las tierras de cultivo:

Para no agotar la tierra, los vecinos aplicaban un sistema de rotación de cultivos que repercutía en todo su territorio y que contaba con un claro carácter colectivo. El término municipal se dividía en tres partes, denominadas “hojas”.

LAS HOJAS DE SIEMBRA:

Todas las tierras cultivadas eran de propiedad particular y solamente tneían derecho a sembrarlas sus propietarios. Pero cuando estaban en barbecho (en descanso) o ya se habían segado, todos los vecinos tenían derecho a pastarlas con sus ganados. Se paga por una cantidad estipulada para cada animal. Se cobra por la cantidad asignada a cada tierra (en función de su tamaño):

El orden de las hojas, según su función, era el siguiente:

1º- Hoja de barbecho: En la mayoría de los pueblos no se sembraba, pero en Gallegos había algunos cultivos permitidos en esta hoja: patatas de secano, garbanzos, sandías y melones. Era pastada por ovejas y cabras.

2º- Hoja de trigo: El estiércol solo era destinado para esta hoja. En ella se obtenía el trigo necesario para hacer el pan que consumía la familia. Si la tierra era muy floja se sembraba de centeno.

“El espigadero”. A mediados de agosto, cuando todas las tierras ya estaban segadas, el alguacil daba un bando. Se duelta el Montecillo. Era la señal de que el espigadero estaba abierto y se podían llevar los animales a pastar: ovejas, cabras y vacas.

3º- Hoja de algarrobas: (Algarrobas y algo de cebada o avena). Su finalidad era producir el grano necesario para dar de comer y cebar a los animales. Se soltaba entre San Juan (245 de junio) y San Pedro (29 de junio).

Al año siguiente cada hoja se cambiaba de uso (rotación) de tal manera que:

- La hoja de barbecho pasaba a ser la hoja de trigo.

- La hoja de trigo pasaba a ser la hoja de algarrobas.

- La hoja de algarrobas pasaba a ser la hoja de barbecho.

Las hojas son las tres partes en las que se distribuye el término de Gallegos:

- Montecillo y Campo Arriba (que iban juntas)

- Campo de Abajo.

- Monte alto

Hace 260 años, en el estudio realizado para el Marqués de la Ensenada, respecto a Gallegos, dice que el término municipal está dividido en tres hojas: Campo de arriba de Montecillo, Campo de Abajo y Monte Alto. Es decir, que al menos durante 200 años los nombres no variarion y su manejo fue al menos similar.

“Las marras” eran las fincas, cuyo propietario decidía ese año no sembrar aunque estaban dentro de una de las hojas de siembra. En Gallegos, al contrario que en otros pueblos, no podían ser pastadas por ganados de otros propietarios, salvo que contara con su permiso.

La trilla

Gallegos no tenía terrenos comunales, proindivisos. El ayuntamiento tan solo tenía alguna pequeña finca de carácter particular.

La trilla se realizaba en fincas particulares que estaban habilitadas para este fin. Eran pequeñas, muchas cerradas con pared y agrupadas alrededor del pueblo en dos parajes: “ las eras de arriba” y “las eras de abajo”.

OTROS APROVECHAMIENTOS

Los prados

A mediados de junio se segaban los prados. Parte del heno se llevaba a los pajares y parte se hacían almiares en los mismos prados.

Las encinas

La encina dominaba en exclusividad, tanto en las tierras como en los prados. Como en otros lugares, se daba el caso de que una encina situada en una finca fuera propiedad de otra persona distinta al dueño del suelo.

En el aprovechamiento de la bellota había dos posibilidades:

- En las tierras. La montanera. Desde primeros de noviembre hasta Santa Lucía (13 de diciembre). Se pastaba libremente con los rebaños sin tener en cuenta la propiedad.

- En los prados. Si el propietario de la encina no lo era del prado, tenía derecho a recogerlas pero tenía que hacerlo a mano, no podía meter el ganado.

Los huertos

Estaban situados en los alrededores del pueblo, pero eran pequeños y poco productivos; no todas las familias tenían uno. Solían tener norias. Principalmente se sembraba de patatas y algunas berzas. Los tomates y las lechugas eran poco comunes porque no prosperaban. Los frutales eran muy escasos, si acaso, algún manzano.

LOS GANADOS

El cordel

La Cañada Real Soriana Occidental cruza el pueblo en dirección a Arevalillo, pero también hay otros ramales y cordeles como el que va a Barco de Ávila.

Había descansaderos, pero eran los propios vecinos los que salían al encuentro de los rebaños para ofrecerles sus tierras para colocar la red durante la noche para que les estercaran la finca. A cambio, el vecino contraía con los pastores la obligación de ofrecerles la cena.

Las vacas y las yuntas

Eran de raza avileña. Unas familias podían tener 4-5 y otras 8-10, pero la mitad del pueblo no tenía ninguna. Su función principal era la de yunta para el arado o el carro. También se daba el caso de familias que hacían una yunta con dos vacas de distintos dueños, se decía que eran “medieros”. El burro solamente se usaba para montar, para llevar un “serón” o unas “aguaderas”, pero no para tirar de un carro.

Al abandonar la siembra, las vacas avileñas se fueron sustituyendo por las frisonas. Pasaban camiones de distintas centrales lecheras para recoger la leche. Finalmente estas también fueron sustituidas por vacas de cruce con charolés para la producción de carne.

Se procuraba que las vacas parieran a principios de invierno para que en la primavera los terneros ya fueran grandes. Se cebaba poco.

A las vacas se les daban como 6 pasturas diarias (de harina de algarrobas), pero en ocasiones y después de ésta, también se le complementaba con una pastura “empajada” (una mezcla de paja con granos de trigos ablandados). La camas de las vacas en las tenadas y corrales se hacían con paja.

Las cabras

Todas las familias tenían al menos una o dos cabras, para la leche. No eran de ninguna raza definida. Había un par de cabreros que se hacían cargo de todas ellas (un ciento cad uno) que las sacaban a pastar durante todo el día.

Para salir, las cabras se juntaban en “el cotanillo”. En invierno solían hacerlo como a las 10 de la mañana y en verano alrededor de las 7. Al regresar y una vez llegadas al pueblo, cada una iba por su cuenta a su destino, aunque siempre había alguna rezagada que se entretenía comiendo y el dueño tenía que salir a buscarla.

En verano podía ocurrir que se quedaran a dormir en alguna tierra con la finalidad de estercarla. En esos casos, las traían por la mañana para poder ordeñarlas.

Los cerdos

Solía haber uno o dos por familia. Eran ibéricos, pero luego se fueron sustituyendo por blancos. También se vendían de tostones a las 4 o 5 semanas (los compraba un señor de Amovida. Había un porquero que salía con ellos al campo todos los días y que para avisar a los vecinos tocaba una cuerna. El lugar de encuentro también era “el cotanillo”.

Las ovejas

Muchas familias tenían ovejas. Los rebaños eran de unas 50 ovejas y cada 6 familias (unas 300 ovejas) tenían ajustado un pastor; alguien del pueblo. No se ordeñaban y no eran de raza, cada una era de su madre.

Por las noches se recogían en el pueblo, pero a partir del mes de marzo el pastor las llevaba a dormir a “la red” para estercar los huertos.

Los chozos y los majadales

En invierno cada propietario se hacía cargo de sus ovejas, pero no así de las corderas nacidas ese año (“los borrunchos”) que eran cuidadas en las “majadas”. En cada una de ellas había un “chozo” para el pastor. Eran circulares, con pared de piedra y el techo de ramas de retama y barro. Había cuatro distribuidos aproximadamente por hojas: “majadales”, “el campanario”, “la cinta” y “el chozo”.

En ellos pasaba el invierno el pastor acompañado por algún mastín y, ya en primavera, ayudado por un “zagal”, cargo a turno que era ejercido entre los hijos de los propietarios. Por las mañanas bajaba el zagal a la majada, llevando consigo el desayuno y la merienda del pastor (sopas y patatas con dos torreznos). Al atardecer bajaba el padre en un burro con la cena y se subía a su hijo.

Las chozas y la red

Según avanzaba la primavera el rebaño dormía en “la red”. Se cambiaba de lugar cada 8 noches para que fuera estercando las tierras.

Era entonces cuando el pastor dormía en “las chozas”. Estaban hechas con palos de encina y cubiertas con paja de centeno. Eran muy ligeras y montándolas en un carro las llevaban de un lugar a otro siguiendo a la red de las ovejas.

Para hacer la cubierta, se seleccionaban las espigas de centeno más largas y no se trillaban. Se las golpeaba contra una piedra para quitarles el grano y después se hacían unos haces, “bálagos”, que se tejían con cuerda sobre la estructura de palos de encina.

Y esto es todo por el momento. Si queréis saber más, seguramente que tenéis en casa a alguien a quien poder preguntar…

Han realizado este cuaderno de apuntes Antonio y Maribel, de la Asociación Salmantina de Agricultura de Montaña con la colaboración de Nazaria, Liberia, Maria Manuela y Serafín. Otros vecinos del pueblo también han aportado aperos y fotografías.